Hace mucho tiempo, en una granja de Kansas donde el cielo siempre parecía gris, vivía una nena llamada Dorothy con sus tíos y su perrito Totó. Dorothy pasaba los días soñando con un lugar más allá del arcoíris, un lugar lleno de colores y magia. Un día, el cielo se puso negro y un viento helado empezó a soplar: era un tornado gigantesco.
Dorothy corrió a la casa, pero no llegó a tiempo al sótano de seguridad. El tornado levantó la casa entera por los aires, con ella y Totó adentro. La casa voló y voló durante horas, hasta que finalmente aterrizó con un golpe suave. Dorothy abrió la puerta y no pudo creer lo que veía: estaba en un lugar de una belleza increíble.
La Tierra de los Munchkins y la Bruja Buena
Frente a ella había un jardín con flores que cantaban y árboles con frutos de colores brillantes. Se le acercaron unos hombrecitos muy simpáticos y bajitos, los Munchkins, acompañados por la Bruja Buena del Norte, una mujer hermosa y amable.
— ¡Bienvenida a Oz! —dijo la bruja—. Tu casa cayó encima de la Bruja Malvada del Este y nos liberó a todos.
Como recompensa, la Bruja Buena le dio a Dorothy los zapatos de rubí de la bruja vencida, advirtiéndole que eran mágicos. Dorothy quería volver a Kansas, pero la única forma era hablando con el Mago de Oz, que vivía en la Ciudad Esmeralda.
— Solo tenés que seguir el Camino de Ladrillos Amarillos —le dijo la bruja, dándole un beso suave en la frente que le dejó un círculo de luz como protección.
El Espantapájaros y el Ladrón de Manzanas
Dorothy y Totó empezaron su viaje. Al poco tiempo, se encontraron con un Espantapájaros colgado en un poste en medio de un campo de maíz. Él la saludó con una sonrisa torcida, y ella, amable como siempre, lo ayudó a bajar.
— No tengo cerebro —le dijo el Espantapájaros, con voz de trapo—. Estoy hecho de paja y me siento muy tonto. ¿Crees que el Mago me dará uno?
— No lo sé, pero si venís con nosotros a la Ciudad Esmeralda, podés pedírselo —respondió Dorothy.
Mientras caminaban, el Espantapájaros veía unas manzanas deliciosas en un árbol, pero un hombrecitos feo que vivía en él no los dejaba pasar. El Espantapájaros, con su supuesta falta de cerebro, ideó un plan: distrajo al hombrecito con preguntas tontas mientras Dorothy juntaba las manzanas.
El Hombre de Hojalata y el Corazón Perdido
Más adelante, el camino se volvió más difícil, lleno de raíces y maleza. Escucharon un quejido suave que venía del bosque. Era un Hombre de Hojalata, completamente oxidado y atrapado en la misma posición durante años. Dorothy y el Espantapájaros buscaron una aceitera y le engrasaron las articulaciones hasta que pudo moverse.
— ¡Gracias! —dijo el Hombre de Hojalata con alegría—. Hace tiempo que no me muevo. Yo solía ser un hombre de carne y hueso, pero un hechizo me convirtió en esto. El problema es que el hojalatero se olvidó de ponerme un corazón. Ahora no puedo sentir nada. ¿Crees que el Mago me dará uno?
Dorothy lo invitó a unirse al grupo. El Hombre de Hojalata, a pesar de no tener corazón, lloraba de emoción al pensar que volvería a sentir, obligando a los amigos a engrasarlo todo el tiempo.
El León Cobarde y el Bosque Profundo
El bosque se volvió más oscuro y misterioso. De repente, un León gigantesco saltó a la mitad del Camino de Ladrillos Amarillos, rindiendo con toda su fuerza para asustar a Totó. Pero cuando Dorothy, asustada, lo retó por asustar a un perrito tan chico, el León se puso a llorar.
— ¡Soy un cobarde! —dijo el León, tapándose la cara con las garras—. Todo el mundo piensa que soy valiente por mi tamaño, pero en realidad me asusto de mi propia sombra. No tengo nada de valor. ¿Crees que el Mago me dará un poco?
Aceptaron al León en el grupo, y él demostró su supuesta falta de valor al saltar sobre un foso lleno de criaturas peligrosas para ayudar a sus amigos a cruzar.
La Misión Difícil y el Mago Charlatán
Cuando llegaron a la Ciudad Esmeralda, todo era de un verde brillante y deslumbrante. El Mago de Oz, que se presentó ante cada uno con una forma diferente (una cabeza gigante, una dama hermosa, un monstruo), les prometió cumplir sus deseos si lograban derrotar a la Bruja Malvada del Oeste.
Después de muchas aventuras y de que los Monos Alados capturaran a Dorothy, ella logró vencer a la bruja con un balde de agua. Al volver, descubrieron que el "Mago" era un hombre común que hacía trucos. Pero él les explicó que ya tenían lo que buscaban: el Espantapájaros ya era inteligente, el Hombre de Hojalata ya era sensible y el León ya era valiente.
Finalmente, Dorothy, haciendo chocar sus zapatos de rubí tres veces y diciendo "No hay lugar como el hogar", logró regresar a Kansas, dándose cuenta de que la magia más grande está en el amor y en la amistad.
