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La Cigarra y la Hormiga
cuento clasico2 años

La Cigarra y la Hormiga

por Esopo

Durante todo un verano, el sol brilló con fuerza sobre el campo. En esos días de calor, la Cigarra no hacía otra cosa que cantar. Se pasaba las horas trepada a una rama, disfrutando de la brisa y de la música, sin preocuparse por nada más que por pasarla bien.

Mientras tanto, a sus pies, se veía un movimiento incesante. Era la Hormiga, que no paraba ni un segundo. Iba y venía por el sendero, cargando granos de trigo y semillas que eran mucho más pesadas que ella. Estaba empapada de sudor, pero seguía trabajando con una disciplina admirable.

Un día, la Cigarra, viéndola tan agitada, le dijo:

— Pero che, Hormiga, ¿por qué no te tomás un descanso? Mirá qué día espectacular hace para disfrutar un poco. Falta un montón para que cambie el tiempo.

La Hormiga se frenó un segundo, se secó la frente y le contestó:

— Estoy guardando comida para el invierno. Cuando llegue el frío y no haya nada en el campo, voy a necesitar estas provisiones. Te aconsejo que hagas lo mismo.

La Cigarra largó una carcajada. "Falta una eternidad para el invierno", pensó, y siguió cantando como si el verano fuera a durar para siempre. Pero, como siempre pasa, el tiempo cambió. Los días se hicieron cortos, el cielo se puso gris y empezó a soplar un viento helado.

El campo, que antes estaba lleno de verde y de comida, se quedó pelado y cubierto de escarcha. La Cigarra, que no había guardado ni un granito de arroz, empezó a pasar hambre. Intentó buscar algo entre las hojas secas, pero no encontró nada.

Muerta de frío y con la panza vacía, se acordó de la Hormiga y fue hasta su hormiguero. Golpeó la puerta con los dedos entumecidos. Al rato, asomó la Hormiga desde adentro, donde se sentía el olorcito rico a comida guardada.

— Hormiga, por favor, ayudame —suplicó la Cigarra—. Tengo mucha hambre y no tengo nada para comer. ¿No me convidarías un poco de lo que guardaste?

La Hormiga le preguntó qué había hecho ella durante el verano. La Cigarra respondió con vergüenza que se había dedicado a cantar. La Hormiga, con firmeza, le dijo:

— Si cantaste durante todo el verano cuando debías trabajar, ahora te toca bailar durante el invierno.

Y cerró la puerta, dejando a la Cigarra bajo la nieve, dándose cuenta de que el que no piensa en el mañana, sufre las consecuencias hoy.

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